A lo lejos se oía una música extraña para mí, mezcla de blues y reggae, muy hermosa; me recordó aires africanos. Doblé la esquina de la calle y vi su figura: una hermosa mujer que cantaba en medio de la plaza. Su rostro –hay rostros que tienen alma– me cautivó. Más tarde supe que era Aziza Brahim, una cantante y percusionista saharaui, que había venido a Segovia a participar en el ciclo ‘Diversons’.