Esta afición amateur que tengo por la fotografía con el móvil hace que ahora me fije más en los detalles de las cosas. Busco aquello que pasa inadvertido a los demás, sin más pretensión que hallar lo que parece que está oculto. Los reflejos en los cristales de las ventanas del campus, por ejemplo, siempre me han llamado la atención: me parecen que las imágenes deformadas que se desplazan sobre el vidrio son mágicas. Obstinado en fotografiar aquellos reflejos, disparé con la cámara, sin percatarme que un compañero, que en ese instante pasaba, me saludaba con cortesía. A veces, al hacer una fotografía curiosa, la suerte es la que manda. Pero si no hubiera estado atento al detalle, no habría sido posible aquella instantánea.