Me dice un amigo desencantado: “La vida no es más que un largo chiste. No hemos perdido valores, simplemente vivimos sin ellos”. Me rebelo ante su pesimismo; conozco jóvenes con talento comprometidos con el tiempo que les ha tocado vivir, con grandes ideas y con entusiasmo para impulsarlas.  En nuestra universidad, un grupo de adolescentes de varios países del mundo se reúne cada año para aportar ideas sobre cómo mejorar la educación y la sociedad. Ellos piden la palabra, creen que son importantes los valores. Sus audaces reflexiones pueden ser la llave de nuestro futuro.