Me enfrento al paisaje, pero no me parece suficiente lo que veo. Aquella tarde no me bastaba la atmósfera mágica de la ciudad, la frondosidad brutal que se alzaba en la muralla, la impasible montaña, el cielo que pesaba como si fuera de plomo. Necesitaba pintar la imagen como un lienzo. Rompí con las reglas de lo académico y manipulé la imagen hasta que mi instinto me dijo basta, que no quería más. Segovia encendida en colores, saturada y eléctrica. Así la quiero los días de otoño.