El tránsito de estudiantes no interrumpió su concentración. Ella hojeaba sus apuntes a la luz de los ventanales del claustro principal. Predominaba el silencio, indispensable para el estudio y la reflexión; solo se oían los pasos de algunos alumnos que llegaban a sus aulas. Pasados unos minutos, regresó el bullicio, las voces en alto, la alegría que llena los pasillos del descanso entre clase y clase. Pero ella siguió impasible, concentrada en sus apuntes.