En una de las calles más céntricas de la ciudad, un perro atiende las instrucciones de su amo. Los expertos aseguran que es fundamental aplicar una continua disciplina a nuestras mascotas para que sepan quién manda. Un perro habituado al orden y a la rutina es razonablemente feliz pues conoce cuáles son sus límites y el papel que juega dentro de la familia en la que convive. Algo parecido pasa en nuestra sociedad: a veces se nos imponen reglas y una manera única de ver las cosas. Si caminamos por esa senda, no habrá problemas. Pero como no somos animales adiestrados, debemos ser inconformistas, replantearnos constantemente lo establecido y no someternos a la imposición que viene de arriba. La disciplina es buena en muchos órdenes de la vida, pero unas dosis de rebelión ante lo políticamente correcto nunca está de más: así seremos dueños de nuestro destino.