Unos niños me sobrepasan a toda prisa en la Calle Escuderos de Segovia. Sentí en ese instante añoranza de otros tiempos, cuando de pequeños éramos libres y todos los rincones de la ciudad eran nuestros. Inconscientes, sentíamos la libertad como había que sentirla: en su estado más puro e inocente, limpia, desnuda, sin ataduras, libre de cargas, en la suela de nuestros zapatos. La infancia es la patria de los hombres.