Querer atrapar la luna es el sueño de muchos soñadores. Pero un paseo por nuestro satélite natural, como hizo el comandante Neil Armstrong, no es tan idílico. El polvo de la superficie lunar es abrasivo, pegajoso y poco saludable para respirar. Por eso, hay veces que hay replantearnos nuestros sueños: quizá aquello que tanto anhelamos –esa luna inalcanzable- es tan solo una pesadilla más.