Hay momentos en la vida que son como troncos de serpiente: las cosas se tuercen; nos precipitamos al fondo. Pero cuando todo parece conducir a un destino fatal, ese mismo camino se endereza y empieza a elevarse, en búsqueda de más luz. Hay que reservar siempre un espacio a la esperanza de que el futuro siempre será un poco mejor.