Un gorrión que parece desvalido descansa sobre una fuente ante la indiferencia de los que pasan. Lo veo tan frágil, tan incapaz de volar, con las alas ya rendidas, que siento compasión por él: en ese lugar de la ciudad, probablemente, acabará su viaje. Y recuerdo un pensamiento que se atribuye a Buda: “Cuando un hombre se apiade de todas las criaturas vivientes, solo entonces será noble”.