La belleza, como siempre, tan pasajera. No te equivocas: esa manta de hojas amarillas, rojas y anaranjadas que bordean el camino se han ido cayendo del muro a medida que avanzaba el otoño. Muy pronto, antes de que te des cuenta, esas hojas desaparecerán y no quedará rastro de su existencia. ¿Para qué sirve la belleza si es siempre tan efímera?