Una lona roja cubre la enorme estructura del carrusel. Un niño juega en su perímetro; espera a que la robusta lona caiga y descubra los caballitos de madera, las naves espaciales y los animales fantásticos. Me divierte contemplar cómo se impacientan los niños cuando el carrusel enciende sus luces y se pone a girar junto al Acueducto. Los adultos deberíamos retirar las viejas lonas que frenan nuestras ilusiones.