Cuando echa mano de su sombrero y de su larga gabardina, José Luis Luque, doctor arquitecto, recuerda al clásico actor de cine de suspense. Algunos días lo veo con una estampa que bien podría haber servido para protagonizar un papel en Ciudadano Kane de Orson Welles o en El tercer hombre de Carol Reed. Llama la atención su pelo grisáceo, muy espeso e impecablemente peinado, pero que a veces amenaza con alborotarse; unos cabellos que lejos de avejentarlo, aportan a su imagen un aire de moderno profesor, con esas manos siempre pulcras y esas gafas oscuras que perfilan su rostro y le dan carácter. Es un hombre práctico, pero también soñador (un arquitecto tiene que ser siempre un soñador). Por encima de todo, José Luis Luque es una gran apasionado de la Arquitectura, disciplina que enseña en las aulas universitarias de IE University en Segovia. Desde hace dieciséis años ejerce como profesor de proyectos arquitectónicos y como tutor de fin de carrera. Sus enseñanzas han calado en cientos de jóvenes, muchos de ellos dedicados ahora al arte de diseñar y proyectar edificios en cualquier parte del mundo. Esta es la fotografía que retrata a José Luis Luque, un profesional que analiza proyectos, busca en cada maqueta los secretos imaginados del arquitecto, corrige defectos, y aporta soluciones para mejorar las ideas. Es un excelente profesor, un hombre íntegro, impecable.