Esto es un secreto a voces: Segovia esconde su jardín más hermoso en el trayecto que va desde el Alcázar hasta la Plaza Mayor. Es un lugar ideal para el recogimiento y el disfrute del paisaje. Dedicado el pintor Mauricio Fromkes, en este espacio conviven cipreses y álamos blancos. Un surtidor borbotea agua a un ritmo relajante de su única fuente; y su pretil es el acantilado desde el que se extienden los extramuros de Segovia. Desde aquí podemos contemplar el valle del Eresma, viejos monasterios y conventos, campanarios, antiguas casas, alamedas y huertas. Más allá del horizonte, justo cuando parecen acabar el valle y desaparecen las casas, se vislumbra esa Castilla de la que nos hablaron los poetas del 98. Suena aquí el eco de los versos de Antonio Machado: «Verdad que el agua del Eresma / nos va lamiendo el corazón… / ¡Torres de Segovia, / cigüeñas al sol!».