El Acueducto de Segovia se convierte por unos momentos en un improvisado banco de piedra. El monumento con dos mil años de historia, quizá no sea un lugar muy cómodo, pero su gran presencia sobre la ciudad invita a acercarse a él, a tocar su piedra, a refugiarse en sus pies, a descansar sobre él. Es el gran protector. Los chicos aquí se sienten seguros.