En los alrededores del campus de Santa Cruz la Real las hojas brillan como el oro. El otoño en su agonía, capaz de mostrar todo su esplendor, me ilumina el camino: los árboles se mecen con el viento y desnudan sus ramas; un movimiento cadencioso anuncia el invierno que se aproxima. En mi espera, se arremolinan las nostalgias.