Qué mejor sitio para acabar con las tareas pendientes que esta singular ventana de uno de los claustros de la universidad. Esta estudiante decidió que este espacio era perfecto para trabajar. Poco importaba el ruidoso trasiego de los estudiantes: ella no levantaba la cabeza; me acerqué despacio, hice la foto y me fui con la sensación de que había atrapado en mi cámara un poco de la esencia universitaria.