Bajaba por la calle doctor Velasco y al girar la vista me topé con un hombre sentado en un poyete de piedra. No se movía ni un milímetro. Con ese aspecto tan regio, el hombre parecía un faraón en lo alto de una pirámide. Es entonces cuando pensé que no estaría de más que yo también supiera detenerme de vez en cuando, saber olvidarme del tiempo y del peso de los días; comprender que es bueno tomar un buchito de aire, chequear el ánimo y tomar fuerzas para proseguir el camino en mejores condiciones. A los pocos segundos de comenzar mi reflexión, el hombre se levantó y se perdió de mi vista. Ante una vida demasiado ajetreada, la necesidad de tomarse un respiro. También hay quienes se dedican simplemente a ver pasar la vida como si el mundo no fuera con ellos.