Cuando tomo la fotografía me doy cuenta de que estoy entre dos extremos: la quietud del manto de hojas secas y la velocidad del coche que atraviesa la carretera. Los extremos siempre son malos, el uno por exceso y el otro por defecto. Pienso que en la vida es tan malo quedarse parado y no hacer nada como avanzar con demasiada celeridad. No me gustan los extremos: nada en la vida es solo blanco o solo negro. Ya lo dijo Aristóteles: “La virtud está en el término medio”.