Hombres apoyados en los pilares del Acueducto, lo protegen del tiempo y de los peligros: tengo la sensación de que llevan aquí más de un siglo. Son guardianes petrificados que custodian un tesoro, pero no lo hacen con lanzas afiladas y grandes escudos sino con una sencilla garrota, que es muy útil para disuadir a los enemigos y para abrirse paso entre el suelo adoquinado. Me encanta la Segovia costumbrista, anacrónica y congelada en el tiempo.