A veces vivimos con preocupaciones excesivas. Nos preocupamos por cualquier cosa y vemos peligros donde no los hay. El miedo es poderoso: atenaza, nos impide arriesgar, nos vuelve desconfiados, nos hace menos críticos. G. S. Rawling dejó escrito: “Estamos unidos con hilos invisibles a nuestros temores. Somos el títere y el titiritero, víctimas de nuestras expectativas”. No seas un títere de tus propios miedos.