Observo a los viandantes desde lo alto de una torre; caigo en la cuenta de lo insignificante que somos. Ante los ojos del cosmos, somos pequeños seres que vamos de aquí para allá trasladando un cuerpo diminuto que es básicamente agua, un poco de materia y carga eléctrica. Así somos para el universo. Sin embargo, somos especiales porque en cada individuo habita un alma única sobre la que gira ese gran mundo.