Bajo el cielo tormentoso había en el ambiente un olor a tierra mojada. En las tardes desapacibles de febrero, me llaman la atención los bancos de madera de los parques, que se quedan solos cuando cesa la lluvia. No hay niños jugando alrededor, ni nadie que se siente en ellos. Todo lo que hay en el parque está a la espera de un tiempo mejor donde llegarán los colores y la vida será renovada. Dice la voz popular: “Cuida el jardín en invierno para tener rosas en verano” .