La ciudad se despierta, un hombre se detiene para contemplar el amanecer y cientos de vencejos planean sobre el Acueducto a más de doscientos kilómetros por hora. Desde lo alto de la escalinata del Postigo del Consuelo el paseante contempla unas vistas espectaculares del puente romano. Qué unión tan asombrosa: el ave mejor adaptada a volar de todo el mundo y uno de los monumentos más extraordinarios del planeta.