Mal asunto ese de la lluvia cuando nadie la espera. El agua cae sobre Segovia desde temprano; es una ligera llovizna, persistente e incómoda. La puerta del establecimiento, empujada desde el interior, se abre bruscamente. Primero salen un par de botas negras, después la silueta de una mujer enfundada en un abrigo gris, por fin se asoma su cabeza rubia. Da unos pasos y hace el amago de abrir su paraguas, pero se detiene antes de traspasar los soportales. Espera paciente a que cese la lluvia. Mientras las nubes descargan sobre el empedrado, un grupo de individuos acelera el paso: no pueden evitar el chapoteo en algunos charcos. Qué difícil es hoy saber esperar, ser paciente, tomarnos nuestro tiempo y moderar nuestros impulsos. Vivimos en un mundo donde las prisas mandan y lo de hoy era para ayer. Ya nos aconsejó Antonio Machado: “Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya”. La paciencia es la más inteligente de las esperas.