Agotado, aquel sujeto decidió que ya había pedaleado suficiente. El primer tramo de la calle Doctor Velasco, en Segovia, le había dejado sin resuello. Se echó a un lado y comenzó a subir la cuesta empujando la bicicleta sin mucha energía. Me dije: “Tengo que fotografiar esa figura encorvada y sin fuerzas”; me pareció que era el símbolo de una derrota. Lo adelanté con facilidad y, tras unos cuantos pasos, volví la vista atrás: aquel hombre sonreía pese al esfuerzo. Pensé: “Quizá no todas las metas se alcanzan, lo más importante es estar satisfecho por haber hecho el máximo”. Qué equivocado estaba al principio: aquella no era la instantánea de un fracaso sino de una victoria.