No son unas escaleras para llegar al cielo, pero lo parecen: El Acueducto de Segovia está inquieto a mediodía y le gusta jugar con su sombra cuando el sol se desploma en vertical sobre los transeúntes. Es divertido subir a la zona alta de la ciudad, quedarse en un mirador, arrastrar la vista de abajo arriba y contar las sombras del Acueducto: son los peldaños de una escalera dibujada en piedra. A medida que el día avanza, los escalones se repliegan hasta desaparecer. Al atardecer, el Acueducto vuelve a las andadas; esta vez su impresionante sombra se proyecta sobre los edificios colindantes. Es su manera de decirnos adiós antes de que llegue la noche.