Fue la última nevada de la primavera. A primera hora de la tarde, la tormenta nos pilló a todos por sorpresa. Mientras algunos nos refugiábamos como podíamos en los soportales de la Calle Real, un hombre cruzó a toda velocidad, armado de un gran paraguas: daba la sensación de que llegaba tarde a una cita. Si está en tu mano no conviene llegar tarde a un encuentro fijado. Estoy de acuerdo con la escritora norteamericana Karen Joy Fowler, que afirma que llegar tarde es una forma de decir que tu propio tiempo es más importante que el tiempo de la persona que te espera. Ciertamente, la puntualidad es una virtud que hay que valorar. No obstante, no hay que olvidar que vivir intensamente no es más que llegar tarde a todos los sitios.