El cielo se ennegrece e intento seguir la trayectoria nerviosa del vuelo de unos cuervos. El invierno llega suavemente a nuestros hogares y somos testigos de la lenta agonía del otoño. En esta transición serena tengo la sensación de que cada tarde es más gris que la anterior y de que las noches son cada vez más cerradas. El cielo intenso y decadente es revelador: la belleza del cielo de Segovia no pierde su esplendor ni en los días más oscuros.