Una de mis manías fotográficas, cuando paseo por la ciudad, es sentarme en cualquier rincón para observar el trasiego de la gente, siempre con la cámara de mi móvil lista para el disparo. Me gusta tomarme un descanso y ver cómo respira la ciudad: cómo cambia la luz según va pasando el día, qué historias ocurren en ese escenario. Se trata, en definitiva, de escuchar cómo late mi ciudad. Así, descubro que no solo hay una foto, sino cientos…