Los segovianos nos sentimos orgullos de la enorme herencia que los judíos dejaron en nuestra ciudad. No obstante, la tradición nos ha legado algunas leyendas negras que tienen su origen en un antisemitismo en otros tiempos oscuros, afortunadamente ya muy lejanos. Cuenta una de esas perversas leyendas que hace mucho, mucho tiempo, unos malvados judíos se disponían a profanar una hostia consagrada en la sinagoga de Segovia: pretendían hervirla en un caldero; al inicio de la profanación esta escapó de sus manos y atravesó los muros de la sinagoga. La hostia se dirigió velozmente a la portada del antiguo Convento de Santa Cruz la Real, donde hizo un enorme agujero, para descansar finalmente en el altar de su iglesia. Ese boquete en la fachada aún permanece. La leyenda dice que quien lo selle caerá sobre él mil años de maldición. Yo sinceramente lo taparía a perpetuidad: ¿No dicen que no hay mal que mil años dure?