Millones de hojas secas descansan sobre los caminos. Al observarlas todas son iguales, pero si te acercas a ellas y las contemplas con detenimiento te darás cuenta de que ninguna es igual a otra. Todas las hojas son diferentes en pigmentos – el abanico de colores ocres y rojizos es infinito- y ninguna comparte una misma simetría. Las hojas del otoño nos recuerdan que también los seres humanos somos únicos.