Nunca en la historia del mundo el ser humano había vivido tan bien, con tantas comodidades y, sin embargo, decimos que nos encontramos mal, que nos sentimos infelices y muchas veces sin razón aparente. Hasta que el filósofo resuelva esta gran paradoja, propongo algo sencillo: volver a la naturaleza y aprender de ella. Ya lo dijo Aristóteles: La naturaleza nunca hace nada sin motivo.