Antonio Machado, el gran poeta de la generación del 98, cuando era profesor de francés en la ciudad de Segovia, solía pasear su soledad por estos parajes. Algunos de sus más hermosos versos son verdaderas pinturas en los que se aúna la naturaleza con lo que sentía su sensible alma artística. La Alameda en otoño es una fuente inagotable de inspiración.