Llegué pronto a la universidad, más temprano que otras veces. En el exterior de la cafetería me detuve para contemplar el espectáculo del sol. Confieso que me he vuelto supersticioso: busco señales a primera hora de la mañana que me hagan sentir bien y me confirmen que voy a tener un gran día. Si el sol brilla, me siento aliviado. Por muy mal que vengan las cosas, el día será bueno.