Sobre los tejados de Segovia un globo juega al escondite. Se ha acercado demasiado a las techumbres y azoteas de los viejos edificios del casco antiguo; por fin remonta el vuelo y se aleja. Subirse en un globo y ascender, contemplar la vieja ciudad desde el cielo, qué tentación más deliciosa. A falta de artefactos, que nuestro espíritu nos eleve a las nubes.