El dueño del establecimiento abrió la tienda después de la hora de la comida; eran las cuatro de la tarde. Con delicadeza, aquel hombre colocó un hermoso caballo de madera en la misma entrada de la tienda. Pensé que aquel juguete de madera era un magnífico y singular reclamo para los turistas. Relojes antiguos, marionetas de colores, cochecitos de metal, todo un conjunto de cachivaches ocupaban las estanterías de la tienda para delicia de niños, coleccionistas y nostálgicos. Era una tienda mágica: cuando salí allí, aquel caballo de madera tan humilde me pareció el Caballo de Troya.