Estaba decepcionado porque el zoom de la cámara del móvil no daba más de sí: era incapaz de fotografiar toda la dimensión de la fabulosa torre de la iglesia de San Esteban de Segovia. Con sus cincuenta y tres metros de altura la convierten en la más alta del románico español. Deambulé por toda la plaza durante un buen rato hasta que caí en la cuenta de que debía alejarme mucho más. Decidido, busqué la equis en el suelo, como el pirata que busca su tesoro. A tan solo unos metros, unos árboles llamaron mi atención, fui hacia allí y encontré por fin la perspectiva adecuada. En la vida hay que tomar distancia para ver aquello que pasa inadvertido a simple vista; hemos perdido la costumbre de alejarnos para contemplar todo con más nitidez. Ahora impera la mirada corta, y somos tan ciegos que solo nos fijamos en lo que tenemos a un palmo. Atrévete a mirar desde la lejanía: hay cosas maravillosas que solo se pueden vislumbrar desde la distancia.