Una niña se queda impresionada por la singularidad de los faros de un coche. Qué difícil es fascinarse hoy en día. Todo parece estar al alcance de la mano; ya nada nos deslumbra. De chicos, cualquier objeto nos hiptonizaba: todo estaba por explorar en el mapa de la vida. Ahora, con los años encima, echo de menos esa capacidad de asombro por las cosas más sencillas.