El invierno nos da un respiro. En esta tarde de febrero, el sol bañe la ciudad y la calienta por unas horas: la primavera adelantada solo es un hermoso espejismo. Es un buen momento para detenerse, quizá solo para descansar por un rato, contemplar la arrolladora presencia del gigante de piedra. De niño, la formidable robustez y altura del Acueducto me inquietaba. Ahora, el coloso ya no me intimida. Aprendí que no hay que temer a los gigantes, pues hasta la más leve brisa es capaz de mover las hojas de los árboles más grandes del mundo.