Un niño baja a buen paso por la Calle Real de Segovia. Mientras, en la fachada del abandonado Teatro Cervantes, se puede leer un mensaje nítido. Es un canto a la libertad más absoluta, una frase muy directa que nos exhorta a no callarnos ante la injusticia. Yo completaría el mensaje: “Dialoga y procura entender al otro”. El autor merece un reproche puesto que la pared de este emblemático edificio no es el mejor lugar para dejar una reflexión. Una fachada es un espacio muy limitado; los valores más nobles se graban en las conciencias de los hombres a través de una herramienta muy poderosa: la educación.