Para encontrarse hace falta primero perderse. Una pareja se detiene en mitad del camino para consultar un mapa; parecen desorientados. Buscan la senda que los llevaba al centro de la ciudad. Qué aburridos son los viajes en los que no hay improvisación ni la amenaza de perderse de vez en cuando; qué insulsas son las vidas de los hombres que consultan contantemente los mapas para seguir adelante.