Me sobresaltó un ruido fuerte de pasos. Era un grupo de chicos muy jóvenes que se acercaban a mí a la carrera. Me adelantaron con tanto ímpetu que tuve que bajarme de la acera para no ser atropellado. Gritaban entre risas, como si aquel día fuera precisamente el más feliz de su vida.  El chico que iba más rezagado alargó su mano y sin aminorar su marcha tiró de un trozo de papel que sobresalía de la pared. Su objetivo era arrancar ese cartel publicitario que se había despegado del muro por el paso del tiempo. Me acerqué y puede observar la cara de pánico del personaje dibujado. Era la viva imagen del miedo a los recortes. Sin duda, hay muros que hablan por sí solos.