La ciudad ha convertido en sombras a los transeúntes. Esa idea de seres anónimos que caminan como si fueran fantasmas me resulta muy sugerente. Con mi cámara, observo su deambular: son como hormigas que zigzaguean entre las calles. En unos minutos cae la noche, desaparecen las sombras, la calle se queda desierta.