Cuenta la leyenda que un día el rey visigodo Eurico (466-84) salió a cabalgar con su cortejo acompañado de sus halcones peregrinos. De repente, en mitad de su paseo, una de las aves que volaba sobre su cabeza tomó impulso, aleteo rápidamente sus alas, subió a lo más alto hasta casi desaparecer, plegó sus alas y cayó en picado sobre un pájaro a una velocidad fabulosa. El visigodo quedó tan sumamente impresionado por la destreza de su halcón que, desde ese momento, el rey se entregó al entrenamiento de sus aves. De este hecho, dicen los historiadores árabes, surgió la cetrería: el arte de cazar con aves rapaces. La caperuza de cuero, que impide la visión, es indispensable para el adiestramiento del animal; evita que el ave se asuste en entornos extraños y además facilita su amansamiento. Mientras hacía esta foto pensaba en las caperuzas que nos colocamos nosotros mismos y que nos impiden alzar el vuelo.