El fotógrafo callejero siempre tiene que estar al acecho. Si quieres capturar una imagen robada, haz del sigilo un arte. Detecta al sujeto, y con la cámara colgada al cuello y el dedo en el disparador, acércate tranquilamente sin mirarle a la cara; preparada bien el encuadre, dispara en modo ráfaga y continúa andando como si aquello no fuera contigo. No siempre es posible: esta alumna, que trabajaba con su ordenador frente a la portada del Aula Magna, me cazó. Por eso, a veces es mejor sentarse en el banco de una calle o de un parque y esperar el momento. El fotógrafo y reportero gráfico ucraniano Arthur Fellig,Weegee, dijo: «La gente es tan maravillosa que el fotógrafo tan sólo debe esperar ese preciso instante en el que se captura lo que se está buscando».