Me encontré a Marwa Amer en uno de los pasillos de la Universidad arropada por la nostalgia. Era un día especial para esta estudiante musulmana: en su casa celebraban el Eid al-Adha, una de las festividades más importantes del Islam. Marwa había estado hablando por teléfono con su madre; toda su familia había viajado a la aldea y estaban justo en medio de los preparativos para la fiesta.

La peor de las nostalgias es añorar lo que nunca se ha tenido; en los enormes ojos de Marwa se reflejaba la otra nostalgia, la que añora lo que se tiene y está lejos, pero que jamás se perderá. Por eso, con sus ojos soñadores, Marwa miraba al vacío y esbozaba una sonrisa mientras me contaba lo que hacían en su pueblo durante el Eid al-Adha. La nostalgia de Marwa se convirtió en alegría.